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Cambios comienzan a ser ciertos en el gobierno de Díaz-Canel

Durante su primer mes en la presidencia de Cuba, Miguel Díaz-Canel ha dado muestras de que para gobernar debe salir a la calle, escuchar a la gente y aprovechar, en vez de evadir, a los medios de comunicación, en su camino para  ganar y mantener respaldo ciudadano.

En medio de un amplio despliegue de prensa, se le vio en reunión con el Consejo de Ministros,  luego pasando revista a programas alimentarios y de energía renovable, valorando los planes de preparación de la Habana para celebrar en 2019 medio milenio de su fundación, o en un recorrido por barrios de la capital.

“La gente comenta que así es como se hace, conversando con las personas de a pie, que trabajan mucho y ganan poco. La esperanza es que continúe esas visitas, pero que sean sin aviso previo para que no lo engañen”, dijo a IPS una empleada de una tienda de La Habana Vieja, María Caridad, quien pidió no dar su apellido.

En las redes sociales, hubo quien recordó los tiempos en que Díaz-Canel, de 58 años, fue primer secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC) en Villa Clara, una ciudad a 270 kilómetros de la Habana. “Cuando menos el pueblo se lo esperaba aparecía en bicicleta. Esa era su forma de actuar”, comentó el usuario Kamilo en un debate en un medio digital local.

A su  vez, otro usuario, arturo@1975, consideró “muy importante que los principales dirigentes toquen los problemas con la mano, que vean con sus propios ojos lo que estamos haciendo y de ahí corregir el tiro para que las cosas vayan mejorando.” Carlos Crespo, por su parte, remató: “Eso es lo que hace un buen presidente”.

Tanto la agenda de trabajo de Díaz-Canel como las reacciones de la gente confirman que el principal desafío que enfrenta el nuevo gobierno es el de avanzar en las transformaciones destinadas a sacar al país de su crónica depresión económica.

En declaraciones a IPS en días previos al cambio presidencial, el 19 de abril, el analista político Carlos Alzugaray advirtió que “hay suficientes presiones sociales ante la demora en producir un socialismo próspero y sustentable como se ha prometido”, pues Cuba “no ha logrado la mayor parte de los objetivos previstos en los Lineamientos”.

En su opinión, la economía sigue siendo el reto principal.  Es decir “la materialización de las promesas previstas en los Lineamientos (como se  denomina oficialmente a las reformas iniciadas en 2011) sobre mayor prosperidad”, recalcó.

Imagen del presidente cubano Miguel Díaz-Canel en una pantalla gigante, durante el acto central del Día Internacional de los Trabajadores, el 1 de mayo, en la Plaza de la Revolución, poco después de pasar a encabezar el gobierno, el 19 de abril. Crédito: Jorge Luis Baños/IPS

El domingo 20, el mandatario terminó su semana participando en la última jornada de Meteoro 2018,  simulacro que se realiza anualmente para preparar órganos de dirección y de mando de todos los niveles y a la población en el enfrentamiento de sismos, huracanes de gran intensidad, sequías severas y otros desastres.

“Este (ejercicio) en particular ha tenido una prueba de la vida lamentable. Hubo que actuar en función de una catástrofe”,  afirmó el gobernante, quien exaltó la capacidad de sus compatriotas para “compartir el dolor, sacar fuerzas de la adversidad y seguir avanzando”, según informaron los medios oficiales locales.

Díaz-Canel es el primer dirigente que no pertenece a la llamada generación histórica de la Revolución, encabezada  por los hermanos Fidel y Raúl Castro, que asume el cargo de presidente de los Consejos de Estado y de Ministros.

Una razón por la que concentra actualmente las expectativas  internas e internacionales sobre este país insular caribeño.

Alzugaray define al nuevo gobernante cubano como un político de gran experiencia, a quien además lo caracteriza, plantea, su discreción, cautela, modestia y lealtad al liderazgo histórico, “ante todo hacia Fidel (1936-2016) y en segundo lugar hacia Raúl Castro”.

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