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Trump se queda solo en materia ambiental

Empresas de tecnología como Intel, Hewlett-Packard y Tesla, así como firmas de alimentos y de moda suscribieron el escrito este viernes (2.06.2017). Todas ellas aseguraron que se siguen sintiendo “profundamente obligadas” a proteger el clima .

Su objetivo es conseguir que la economía estadounidense alcance una mayor eficiencia energética y que emita menos gases de efecto invernadero, añadieron.

“Las soluciones rentables e innovadoras nos pueden ayudar a alcanzar este fin”, dice la carta. “Abandonar el objetivo de una economía con bajas emisiones pone en juego el bienestar estadounidense”.

Disney y Tesla, en contra de decisión de Trump. Horas antes, el presidente y director general de la empresa Disney, Robert Iger, y el fundador del fabricante de automóviles eléctricos Tesla, Elon Musk, anunciaron que renuncian a asesorar al Gobierno de Donald Trump por la decisión tomada.

“Por cuestión de principios, he renunciado al consejo del presidente debido a la retirada del “Acuerdo de París”, señaló Iger en Twitter.

Musk comunicó que no tenía “ninguna otra opción” más que poner fin a su labor de asesoramiento. “El cambio climático es real. Dejar París no es bueno para Estados Unidos ni para el mundo”, escribió Musk en Twitter.

Iger y Musk formaban parte junto con otros directivos de empresas estadounidenses de distintos comités que asesoran a Trump en cuestiones económicas.

¿Se queda solo Donald Trump?

Con el argumento de que este convenio se opone a los intereses industriales de Estados Unidos, el país más contaminador per cápita del mundo, el gobernante norteamericano se inscribe en la línea productivista de George W. Bush, quien no ratificó el Protocolo de Kioto, aprobado en 1997 por su predecesor Bill Clinton. Trump deberá seguramente seguir el proceso de salida establecido por el acuerdo, lo que podría durar cuatro años. Quizá los votantes logren en las próximas elecciones presidenciales detener esta decisión, considerada como una catástrofe para el medioambiente.

El clima es tan solo uno de los temas de discordia en la nueva política exterior de la potencia. El financiamiento de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (Otan), la alianza militar creada en 1949 en el contexto del inicio de la Guerra Fría, también genera crispaciones. Hace tres años, sus 28 países miembros se comprometieron a destinar a esa organización, a más tardar en 2024, el 2 por ciento de su PIB. Por ahora, tan solo Polonia, Grecia, Reino Unido y Estonia cumplen ese objetivo, mientras que Estados Unidos gasta 3,6 por ciento de su PIB, lo que corresponde a 68 por ciento de los gastos militares de la organización.

Trump acusa también al Viejo Continente de prácticas económicas desleales, sobre todo a Berlín. Según Peter Navarro, consejero comercial de la Casa Blanca, Merkel “explota” a sus socios gracias a un euro, para él, infravalorado. Alemania posee, en efecto, un excedente comercial exterior excesivo: 253.000 millones de euros. Esto contrasta con la situación de la primera potencia del mundo, que sufrió en 2016 de un déficit de 500.000 millones de dólares, de los cuales 146.000 millones corresponden a su balanza con la Unión Europea. A causa de un dólar costoso, la industria norteamericana no logra exportar. Así, por ejemplo, los constructores de automóviles estadounidenses padecen, mientras que los carros alemanes se venden fácilmente en las tierras de Trump.

 

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