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Rosana Ordoñez, uno de los rostros de la crisis venezolana

La crisis venezolana tiene millones de rostros. El régimen ha arrasado con todas la estructuras que dan soporte a la ciudadanía, pero el más cruel de todos es el daño que se la ha hecho a todo lo que tiene que ver con la salud.

Rosana Ordoñez no es un rostro anónimo en Venezuela. Por años condujo uno de los espacios de opinión más importantes de la nación caribeña, con altos niveles de sintonía.

Con más de cuatro décadas como periodista laboró en los más presigiosos medios de la capital venezolana y  fue una de las primeras mujeres en dirigir un medio impreso, las revistas Bohemia y Momento, del Bloque De Armas. Ejerció además como Ministra de Comunicación durante el breve gobierno de transición de Ramón J. Velázquez , como presidenta del partido Social Cristiano Copei, y en el ámbito gremial fue presidenta del Instituto de Previsión Social del Periodista.

Aunque su ejercicio actual se mantiene al margen de las cámaras de televisión, las nuevas generaciones de periodistas le conocen pues se dedica a formarlas como docente en tres universidades, en una de las cuales es su directora.

Pero lo más conocido de Rosana es su permanente sonrisa, si alguien tiene como premisa aquello de que al “mal tiempo buena cara” es ella. Pero este lunes la crisis del país se la borró por un momento. Pero dejemos que sea ella misma quien nos lo narre:

Gaby, un nuevo reto. ¿Sentencia de qué?

A mi hija Gaby le dio la primera convulsión cuando cumplió un año de edad y le colocaron la vacuna antivariólica, que ya poco se utiliza. La fiebre le subió y desde entonces no ha dejado de padecer la enfermedad.

Visitamos los mejores médicos, fuimos dos veces a Boston, la vieron en el Children Hospital, fuimos a un hospital en Miami donde casi me volví loca. En 43 años jamás le han faltado medicamentos, mientras se fractura, se pega y se corta.

Tiene implantes en los dientes, un pie reconstruido tras 17 fracturas, cicatrices en todo el cuerpo.
Para atenderla, al igual que al resto de mi familia me he convertido en una extraordinaria trabajadora.

Hago un programa de radio todos los días, trabajo en tres universidades, colaboro con un portal web, alquilo un cuarto en mi casa para poder pagar sus medicamentos, y además cuento con cientos de familiares y amigos que me han ayudado siempre con los medicamentos, pero la devaluación del Bolívar nos esta arropando.

Ayer fuimos a una farmacia y nos encontramos con una cruda realidad:
El Valprón que había era sólo infantil y con informe médico. Topiramato no hay. Sertralina a 1.200 y toma diez cajas al mes. Risperdal a mil y pico y toma 3 cajas al mes. Risperidona y Carbamezapina, no hay.

Ni que quiera puedo pagarlo, salí muy compungida y lloré un poco, menos de un minuto y en silencio, como lo hacemos las madres. Entonces tomé algunas decisiones, porque como decía mi mamá ” no te puedes sentar en una poltrona a esperar que las circunstancias resuelvan por tí”.

Voy a activarle la cuenta bancaria a Gaby y mi libro de cocina lo enviaré por internet quien haga un depósito o envíe medicinas en diciembre. Ese dinero serà de ella y para ella, sólo para seguro médico, que no tiene porque Rescarven se está acabando y para medicinas
Pido a quienes tengan fundaciones internacionales que me pongan en contacto para tratar de conseguirle medicinas a mi hija, cuyo costo en dólares calculo en mil mensual.

Sólo pensar en Gaby, tirada en una cama, convulsionando y sin su equilibrio emocional me aterra, les cuento que està estudiando cocina los jueves, hace yoga los miércoles, va al grupo del Santo Rosario con merienda los viernes, me ayuda en la casa, vende prenditas y café frente a la casa, y no tiene ningunas ganas de morir.

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Rosana Ordóñez.
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