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¿Llegó a su fin era dorada de las startup?

Desde Facebook, no ha vuelto a haber una startup que alcanzase un éxito tan abrumador. ¿Habrá más? Ahora que son gigantes, olvidamos cómo empezaron. Microsoft y Apple en los 70; Amazon, Yahoo y Google en los 90; Facebook ya en el siglo XXI.

Fueron ideas y proyectos gestados desde garajes de Silicon Valley y habitaciones de residencia universitaria. Era el sueño y era posible: cualquiera podía empezar una startup con pocos medios pero muchas ideas y cambiar el mundo. No obstante, desde que Facebook vio la luz en 2004, no ha habido más historias de (tanto) éxito.

Hay nombres que vienen enseguida a la cabeza, pero encontrar las razones en contra es fácil: Uber era el último gran aspirante a esto, pero ha tenido un año muy duro y parece difícil que vuelvan a levantar cabeza. Y, como explican en Vox, cualquier otra startup en la que pensemos no vale ni una mínima parte de lo que valen otras como Facebook: Airbnb, con sus 31.000 millones de dólares, se queda en el 7% del valor de la red social. El resto, firmas como Snap o Slack, mucho menos.

Buscando la respuesta a qué está pasando y a si de verdad estamos asistiendo al final de una era, el periodista Tim B. Lee preguntó a varios ejecutivos e inversores en Silicon Valley cómo veían ellos la situación. La teoría fácil y rápida es que los primeros en llegar ocuparon los nichos más lucrativos: búsquedas, redes sociales y comercio electrónico. Al resto le cuesta más encontrar un lugar inexplorado en el que no haya puesto ya un pie un gigante.

Pero no es solo que los grandes y pioneros hayan ocupado todo el espacio, sino que además se han ocupado de que nadie más crezca. Cuando una startup nueva aparece y empieza a hacerse sitio en un hueco libre o nuevo, llama la atención de los gigantes. Unos cuantos millones de dólares convierten el problema en oportunidad.

Comprar la competencia

¿Cuáles son las startups que han hecho más ruido durante los últimos años? Muchas siguen independientes las mencionadas más arriba, pero otras muchas fueron adquiridas por las grandes compañías de internet.

Como explica el artículo, uno de los primeros grandes retos a los que se enfrentó Facebook fue la llegada y boom de los smartphones. Durante unos años, el móvil fue uno de los mayores quebraderos de cabeza de Zuckerberg, hasta que poco a poco dio con la solución: centrar a los ingenieros ahí, mejorar la publicidad móvil y comprar talento. Se hizo con Instagram y Whatsapp y se colocó en el centro del mercado.

Es lo que hizo Google también a mediados de los 2000, en su caso con inversiones que en su momento quizá no fueran muy bien entendidas, pero que ahora nadie duda que fueron una buena idea: en 2006 compraron YouTube por 1.650 millones de dólares; en 2005, dos años antes del lanzamiento del iPhone, se hicieron con Android.

Cuando no compran (porque las startups rechazan las ofertas), pasan al plan B: desarrollar un producto o servicio muy, muy similar. Es lo que le está pasando a Snapchat, que ve su modelo reproducido por Facebook con las Instagram stories. Estas tienen ya más usuarios diarios que la app original. Y así, muchas otras startups.

¿Hay espacio para que aparezca una nueva startup, se mantenga independiente, su idea no sea copiada y aplastada, y llegue a convertirse en un nuevo gigante tipo Google, Facebook o Amazon? Aunque parezca difícil, posiblemente todavía ocurra. Y dentro de diez años nos preguntamos cómo era el mundo en el que [startup desconocida] no estaba en nuestras vidas.

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